Todo empieza en que una vez en la vida real, había alguien que estaba domando un conejo para enviarlo al circo y después cuando ya a nadie le gustara el número del conejo mandarlo a un ancianato, fuera para que le hicieran caldo a los viejitos o para que los divirtiera mientras hacían espacio para comérselo…
Pero, eso, no es lo que nos interesa.
Entonces, resulta que una vez, mientras este domador amaestraba al conejo, se le cayeron unas galletas con arequipe (Mm unas galletas con arequipe que hasta se les regaba por los bordes” ah ustedes, le ha pasado cierto?”).
Bueno, entonces este conejo, salio corriendo y se comió las galletas y entonces esas galletas, como eran para el loro que echaba chistes, esas galletas le dieron súper poderes y el conejo, aprendió a hablar.
Y que problema, ya quien callaba ese conejo, también obviamente, las galletas le dieron el poder de pensar y actuar, bueno, en fin era un conejo muy parecido a nosotros lo humanos.
Pero ya era otra entrada más para este domador (huy, es que un conejo que habla). (Las presentaciones de ese conejo eran por todo lo alto, pero había un problema). Al loro, se le olvidaron los chistes, claro como el conejo se le comió las galletas con arequipe… entonces, tuvieron que sacrificar el loro, después de unos días ya ni los niños, ni los jóvenes ni los adultos recordaban al loro de los chistes.
Pero también después de unos días, unos meses y unos años, ese conejo dejo de gustar y ya el domador: pobre, sin loro y con un conejo que no estaba dando mucho.
Resulta, sucede y acontece que echaron el conejo del circo y el conejo se interno en el bosque encantado, y(el conejo, no se las creía) “huy parce, termino el suplicio de el circo, los jóvenes, los niños y los adultos boquiabiertos mirándome, como si nunca hubieran visto un conejo hablar” (si, si así me miraban).
Cada vez el conejo entraba y entraba y entraba más al bosque cuando ya cansado de tanto caminar se sentó y escucho que algo rugía, y empezó a correr. “huy que susto tan berraco”, ese conejo no paraba de correr cuando se dio cuenta que lo que rugía era el estomago, claro si desde ayer no almuerzo, vio unas moras, unos bananos, y unas guayabas y por ninguna parte vio las galletas con arequipe, le toco conformarse con las frutas que el bosque le dio, luego de que se las acabo todas y arrazo con todos los árboles y matas había quedado con hambre…
en una proxiam entrada continuara. la segunda y ultima parte de este cuento-favula
por: Hernán Danilo Álvarez Maya.
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hasta luego…